La recuperación no es transformación
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Este artículo abre la serie «Ecuador se mueve, pero no se transforma». La próxima semana analizaremos qué necesita el país para convertir recuperación en desarrollo.
Ecuador volvió a crecer en 2025. Debe reconocerse. Después de una contracción del 2 % en 2024, el producto interno bruto aumentó 3,7 %. El Gobierno también destaca las ventas: durante el primer semestre de 2025 crecieron 7,2 %. Son señales positivas. La economía se mueve.
Pero movimiento no significa necesariamente transformación.
Las ventas muestran cuánto facturan las empresas, no cuánto valor nuevo produce el país. Pueden aumentar por mayores precios, más productos importados, consumo o sucesivas operaciones sobre un mismo bien. Vender más no significa necesariamente producir más, elevar la productividad o generar empleo formal.
Las ventas muestran cuánto se mueve una economía. La productividad, el empleo y la inversión muestran cuánto se transforma.
Un año positivo tampoco demuestra una nueva etapa de crecimiento. El resultado de 2025 parte de una economía que había caído. Para comenzar a reconocer una tendencia deberían observarse al menos tres años consecutivos de expansión: un plazo mínimo, no una regla infalible, para distinguir un proceso de un episodio.
Aun así, tres años serían insuficientes si no cambian las condiciones estructurales. La transformación se demuestra cuando el país produce más y mejor, sostiene la inversión, incorpora tecnología, crea empleo formal y mejora los ingresos.
Las proyecciones para 2026 refuerzan esta cautela. El Banco Central, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial estiman un crecimiento cercano al 2,5 %: 1,2 puntos porcentuales menos que en 2025, casi una tercera parte más lento. Si la población aumenta alrededor del 1 % anual, el crecimiento por habitante sería menor. Habría avance, pero no a la velocidad necesaria para enfrentar los rezagos estructurales.
La realidad laboral muestra esa distancia. El 53,5 % de las personas ocupadas trabaja en la informalidad y el ingreso laboral mediano bordea los 399 dólares: la mitad recibe esa cantidad o menos. Una economía no se transforma mientras el crecimiento no alcance de manera estable al empleo y los ingresos.
Las remesas sostienen el consumo de miles de hogares y parte del movimiento comercial. Son indispensables, pero provienen de trabajos creados fuera del país. Muestran la fortaleza de nuestras familias y obligan a preguntar por qué la economía nacional no genera suficientes oportunidades.
No se trata de negar la recuperación, sino de determinar qué la impulsa y si puede sostenerse. ¿Estamos ante nuevas capacidades productivas o frente a una recuperación que podría agotarse porque depende del rebote, el consumo y circunstancias externas?
Ecuador necesita que la recuperación deje de ser un episodio y se convierta en proceso. La próxima semana analizaremos qué debe cambiar para que el crecimiento no vuelva a agotarse y comience a transformar al país.


